Acerca de

¿Quién soy yo? Preguntas como esta eluden la respuesta, y solo consienten un inventario provisional de las circunstancias en que vivimos. Para afrontarlas, pues, es bueno ensayar una cierta genealogía de las pasiones. Un ejercicio que decline el peso de la pregunta por el ser como la más ligera pregunta por el cuándo. Se trata de hacer recuento de atributos, pensar en amores y ojerizas, afinidades, amistades y gustos, gozos y sombras, lecturas, sonidos e iconos, saberes y lugares, licencias, probidades y destrezas, prejuicios y convicciones, experiencias, esperanzas y temores, memorias y deseos, y preguntarnos desde cuándo. Así se irá dibujando el contorno de los estratos que en nosotros han formado las arenas del tiempo.

¿Desde cuándo me conmueven las letras, músicas e imágenes que hoy lo hacen? ¿Cuándo escuché por vez primera las razones de mis amigos? ¿Y cuándo dejé de oír a los que antaño me hablaban? ¿Desde cuándo esta afición por los libros, y tales autores? ¿Cuándo dejé de sentirme después de la pasión política? ¿Desde cuándo esta extraña nostalgia? ¿Y esa mirada al mundo con los ojos del recuerdo? ¿Cuántas pieles están secándose en el sendero de mis mudanzas? ¿Cuándo ese amor agostado por las circunstancias? ¿Dónde mi línea de sombra? ¿Y desde cuándo esa melancolía, y su fantasma? ¿Cuándo empezó mi exilio y terminó mi infancia? 

El hilo de la memoria se enreda en el olvido de la distancia, y rastrea lo que no cambia en la arqueología de nuestros instantes. Pero la identidad sustancial es una cosa desnuda y nula. Somos la decantación narrativa de un viaje de vuelta por un laberinto de espejos, donde a veces nos encontramos con claros de bosque y paisajes de júbilo. ¿Y ahora? Aunque a veces me pierda en los lugares que fueron su rostro, he aprendido que un antes y un después nunca se sueldan, que toda historia es un trabajo sobre el mito, y que a veces hay que acallarse a uno mismo para hablar con sentido. He abierto los ojos a la mirada del otro, creo que he comprendido el significado de la evasión, y eso me ayuda a soportar la levedad del ser, sigo pensando que hay algo en lo que dijimos, y me pregunto hasta cuándo la búsqueda del tiempo perdido.―

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